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martes, 27 de julio de 2010

And the Oscar goes to...Pixar

No tardaremos mucho tiempo en escuchar la frase del título de esta entrada en la boca de algún gran director en los premios de la Academia. Y es que la factoría de sueños animados lleva una trayectoria impecable basada en: el buen gusto, el humor inteligente, una potente fórmula visual y, sobre todo, un puñado de excelentes (y arriesgados) guiones que buscan convencer a grandes y pequeños y que consideran al público como seres que quieren pasar un buen rato sin sentir que les toman el pelo.

A raíz de la muy sugestiva entrada sobre la trilogía Toy Story del siempre malvado, y por tanto recomendable, blog Cuadernos de Rodaje, me he decidido a saldar una cuenta pendiente con Pixar. Una cuenta que se compone de nutritivos, bien presentados y deliciosos platos que, como la rata chef de Rataouille, han cocinado a fuego lento, respetando a los maestros y sabiendo innovar y dar su sello con ingredientes secretos y técnicas de nouvelle cousine, los creadores de Pixar.

A la cocina Pixar debemos obras inolvidables como Toy Story, Buscando a Nemo, Wall-e, Up o las decenas de cortos que se presentan como esos jugosos canapés que dan en las bodas que cuando te piden que pases al salón para la cena tú dices "¿puedo pillar alguno para el camino?". Hay otras películas menos afortunadas, cierto, pero ninguna suspende. De hecho, la ya mencionada Ratatouille, aparece en mi lista de las 10 de la década, y sólo en el último momento dejé fuera Wall-e cuya primera parte es una master piece de la historia del cine.

Ratatouille, 2007

Pero Pixar ha conseguido mucho más. Ha dignificado, potenciado y engrandecido el apelativo de ANIMACIÓN, palabra que, hasta la llegada de la empresa del flexo, se relacionaba con una especie de virus que infectaba a la película y del que huía la crítica cinéfila y parte del público por miedo a contagiarse y no sobrevivir a la experiencia.

Haciendo un poco de teoría y siguiendo la idea de Rick Altman que recoge en su libro "Los géneros cinematográficos" en el que se afirma que la importancia de un determinado género se consigue cuando pasa de ser usado como adjetivo (comedia musical, drama musical o melodrama musical) a convertirse en sustantivo (un musical, el musical), nos aventuramos a afirmar que con la animación, y gracias a la intervención de Pixar, se produce el caso inverso y consiguiendo los mismos resultados. Vamos a explicarlo mejor.

Hasta la llegada de Pixar, la ANIMACIÓN era un sustantivo, una especie de género, subgénero (en todas sus acepciones). Uno iba a ver una peli de dibujos con todas las connotaciones, prejuicios y estereotipos ligados a este sustantivo: animación (aquí Disney aportó el 95% de los rasgos asociados). Bien, con la era de los Buzz, Nemo o Remy, la animación pasa a ser un adjetivo. Ahora, tú vas a ver una comedia, un drama, un melodrama o una de aventuras...ANIMADA, y muchas otras productoras de obras de animación han seguido este camino (paradójicamente, Disney compró Pixar en 2006, ante la imposibilidad de competir con ese modo, tan opuesto, de plantear la animación).

En los films “pixarianos” lo que prevalece es el guión, la historia de unos personajes con los que empatizas y, aunque no lo parezca, durante el metraje te olvidas de la forma, el envoltorio animado, y sólo presencias una de las mejores cosas que le han pasado al cine en mucho tiempo. Parece mentira que la tecnología, los dibujantes, el modelaje digital y un grupo de fabulosos creadores (claro), sean los depositarios del mejor cine clásico, un cine donde el guión era el inicio para despegar y llegar "¡Hasta el infinito y más allá!"

lunes, 15 de febrero de 2010

MI MÁS SINCERA FELICITACIÓN A ÁLEX DE LA IGLESIA

En apenas unos meses, el director de “El día de la bestia”, ha hecho más por el cine español que todos los académicos juntos en los últimos 10 años. Ha abierto las puertas (en todos los sentidos) para airear una casa cuyo ambiente era rancio, caduco. Un ambiente que olía como esos abrigos que el mal tiempo nos está obligando a sacar de los altillos y los fondos del armario que huelen a polvo, a poco usados, a tiempos pretéritos.

Aires nuevos que se llevan el mal rollo y traen un par de puñados de buenas películas por las que poder sentirse orgulloso de ir al cine a ver “una española".

Nuevos tiempos que materializan el deseo para que exista una industria con ganas (veremos si con fuerza y apoyos) por asomar la cabecita y plantar cara al -y esto hay que tenerlo presente- potentísimo pero también poco original, repetitivo y mediocre (por término medio) cine del Hollywood actual.

Tiempos de cambio donde se ha tendido la mano a todos aquellos exiliados por rencillas, luchas de egos o malentendidos y obligarles a que no reúsen la responsabilidad que tienen por y para su sector. El ejemplo más claro fue ver a Almodóvar, buque insignia del cine español (nos guste o no), dando el goya a la mejor película. Con este momento y la presencia de la pareja Cruz y Bardem, la de Paz Vega o la de Amenábar se hace un guiño a ese aspecto internacional y de glamour (juro que prometí no utilizar esta palabra nunca en el blog) que no debemos olvidar porque al final se materializa en dinero y oportunidades.

De igual manera, hay que celebrar la aparición de candidatos a coger el testigo de los consagrados. Entre esos futuribles pesos pesados encontramos a Mar Coll, Monzón, Sánchez Arévalo o la animación española en general -que cada año trabaja más y mejor, acumula galardones y atrae al público.

El director de la Academia ha completado un curso exitoso y la guinda la puso ayer con la gala de los Goya donde se escenificó el reencuentro entre la profesión y el público que ha tenido lugar este último año en las salas. Gran audiencia de televisión para una noche que ha recogido los frutos de los últimos meses y que Álex y su equipo (recordamos que esto es un trabajo colectivo) han plantado, regado y mimado con esfuerzo, entusiasmo y sobre todo sabiendo quiénes son y a quiénes representan.



La gala fue conducida con acierto por Buenafuente, siempre un valor seguro. El acto fue ágil, divertido, lleno de sorpresas y muy televisiva. Características que deberían fijar un precedente de identidad. Esa noche es para lucir a las estrellas (que para eso están) venderse y reconocer a aquellos que han hecho un buen trabajo; lo de que hayan sido los mejores es muy relativo pero en eso consiste el juego.

Además, se brindó un muy emotivo homenaje a Antonio Mercero, Goya de honor este año, y a quien el propio presidente de la Academia llevó la estatuilla a casa días antes debido al estado de salud del director de "La cabina".

A la hora del tradiconal discurso, De la Iglesia comentó los aspectos por los que debería caracterizarse el cine español: humildad, agradecimiento, trabajo, optimismo y sobre todo ser conscientes de la importancia relativa que tienen o debieran tener los autodenominados, con pompa y fanfarrias, ARTISTAS.

A continuación recogemos algunos fragmentos del discurso de De la Iglesia:



Hay que ser humildes. A mí me cuesta mucho, soy soberbio y engreído. Parece que forma parte de mi trabajo, y no debe ser así. No somos tan importantes (…) El público, que es la gente para la que trabajamos, ha ido a ver nuestras películas más que nunca, y eso es un honor y un orgullo. No pensemos que somos mejores por eso. Pensemos que nos han dado una oportunidad. Hay que aprovecharla.

Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo.(…)Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien.

Y aquí viene el meollo de la cuestión, porque hay mucha gente que no puede rodar, que no puede trabajar (…). Hablo de miles de familias que no tienen glamour y no salen en las revistas; que no han estado ni estarán nunca en los Goya. Gente que se dedica al montaje, al sonido, maquilladores, eléctricos, sonidistas, actores de reparto, figurantes, empresas de catering, gente que vive de esto, que genera riqueza.

(…)Necesitamos fortalecer la industria, y así poder hacer mejores películas. Hacer todo tipo de cine, tanto grande como pequeño (…).

(…) Un año polémico, complicado, con desacuerdos y desencuentros. ¡No puede ser de otra manera! Somos así, como una imagen grotesca de nuestro propio entorno.(…) Podemos y debemos llegar a un acuerdo, y entender que no hay una manera de hacer cine, sino muchas, y que debemos contemplarlas todas.

(…)Tenemos que convencer a la sociedad de que también puede estar orgullosa de nosotros.(…)Tenemos que cambiar, pero unidos. Tenemos un frente común y los mismos objetivos.

El año 2010 no ha hecho más que comenzar. Humildad, agradecimiento, ilusión y orgullo. Esforcémonos en ello. Les aseguro que habrá muchas películas españolas que disfrutar. No se las pierdan.


Sus palabras son acertadas y útiles (no cómo los discursos de anteriores presidentes y presidentas) e invito a juzgar al cine español en su justa medida. No es bueno ni malo por su nacionalidad sino por el resultado final. Quien demoniza o santifica al cine español de manera burda y simplista bajo la excusa de la ideología cae en la trampa (auto trampa en muchas ocasiones) de la estupidez y la maldad y demuestra que el cine en general le importa muy poco.

Creo que Álex de la Iglesia va ha hacer todo lo posible para dejar sin argumentos a los que utilizan a la Academia y sus miembros como arma arrojadiza a uno y otro lado del río de aguas turbulentas en que se ha convertido la opinión pública española. De la Iglesia, como nuevo capitán al timón, debe navegar por esas aguas y llevar a buen puerto una nave que como el arca de Noé debería acoger a una pareja de cada especie del cine que se hace en España.Suerte y ánimo, capitán.

domingo, 7 de febrero de 2010

EL CANT DEL OCELLS o cómo disfrazar de cine la nimiedad (Segunda Parte)

Además del color, Albert Serra arroja, sobre su peculiar obra, otros mecanismos manufacturados que parecen salir de un kit de Cómo hacer cine de vanguardia comprado en un todo a cien. Entre otros, Serra incluye en torpes dosis: la ausencia total de música incluso en los créditos (exceptuando un par de minutos), los diálogos prácticamente inaudibles o la utilización sólo de luz natural (¡hola cine dogma!). También, la participación de actores no profesionales y el rodaje mayoritario en exteriores y con un diseño artístico diáfano (¡qué palabra tan necesaria para los modernitos!).

Otro apunte: planos largos, en tiempo y escala. Priman los generales (amplios) frente a los P.P. (primeros planos, del rostro de los actores) y la duración de cada plano suele ser de entre 2 y 4 minutos. De hecho, hay una toma en la que los personajes principales empiezan a andar en primer término hasta más allá de unas dunas, salen de imagen y al rato vuelven a desandar el mismo trayecto. No pasa nada más, y el plano se aguanta 6 minutos.

Además, es bueno recordar que el gran poder del cine es el primer plano, frente a la imposibilidad del teatro. Por tanto, asistimos a una planificación y decisión de montaje no comercial o no habitual, donde el plano contemplativo, reposado, sugerente pretende servir de nexo entre la intención del autor y la reflexión que debe crearse en el espectador. Pero una vez más, esta atrevida premisa se convierte en una hueca intención de emular a directores como Bergman, Dreyer o Kim-Ki-Duk que sí han demostrado que la quietud absoluta y duradera de un plano general puede proyectar: lirismo, inteligencia y/o sensibilidad; más allá del aspecto narrativo.

Y hablando de historia. El mito de los tres reyes magos sirve de coartada para montar una serie de escenas, la mayoría sin diálogos y donde no pasa nada. Ya sabemos qué va suceder debido a nuestro conocimiento sobre dicho mito. No añade nada nuevo. No hay originalidad en cómo se narran las cosas, los diálogos pretenden ser novedosos debido a que los personajes hablan cómo tres tipos vulgares pero, de nuevo, se queda en algo impostado, forzado. El mito narrado da para contar multitud de peripecias posibles en ese viaje. Pero nada. Albert Serra, no sabe/no contesta.

Los planos yuxtapuestos de Serra son: pesados, artificiales, insustanciales, inconexos e impertinentes. Provocan hastío, aburrimiento y que te salgas de la supuesta historia. Son una serie de meras fotografías con cierto movimiento interno que son tan bellas como independientes. Conforman una especie de video arte que podría estar en ciertos museos (¡allá ellos!) pero nunca venderse como cine. Sólo de pensar que alguien ha pagado 6 euros por ver esto…



Todas las características mencionadas hasta el momento no son criticables per se. Se han utilizado a lo largo de la historia de manera brillante sin resultar cargantes ni aburridas que es, en definitiva, lo más característico de esta obra audiovisual. La nouvelle vague, el neorrealismo italiano, David Linch, Tarkovsky o Lars Von Trier han explorado aspectos visuales y de producción igual o más heterodoxos sin caer en el absurdo injustificable y con una idea detrás.En nuestro país también tenemos francotiradores arriesgados en sus propuestas que buscan e innovan: los Guerín, Portabella o Medem te pueden convencer más o menos pero siempre intuyes inteligencia trás sus decisiones. Por lo tanto, se debe apostar por lo distinto, pero sin dejarnos timar.

En definitiva, Albert Serra no hace cine. No es cineasta. No sé lo que hace pero no son películas. Intento contener la decepción y el enfado con el que acabé tras el visionado de El cant dels ocells -estados de ánimo que ya aparecieron con Honor de caballería- pero no puedo evitar decir que este personaje quiere tomarnos el pelo.Por supuesto, toda visión que rebata este drástico punto de vista será bienvenida en The Dry Pack.

El tiempo pone a cada uno en su lugar y más que a Serra, que no es más que un vendedor charlatán de crece-pelo, ese tiempo colocará en una incómoda tesitura al selecto grupo de críticos y demás mentes privilegiadas que han apostado por un impostor. El caso contrario sería terrible. Supondría la ascensión de este tipo de cine a los altares y, en consecuencia, la aparición constante de discípulos. Aunque la obviedad del engaño, el truco de brocha gorda, me hace ser optimista. Tengo la impresión de que el cant del ocells pronto se convertirá en un canto del cisne.

EL CANT DEL OCELLS o cómo disfrazar de cine la nimiedad (Primera Parte)

En la anterior entrada de este cuaderno de notas digital hacía un llamamiento para ver el último trabajo -no me atrevo a denominarla película- de Albert Serra.En la actual entrada y la siguiente se intentará describir y analizar El cant del ocells.

En primer lugar, debo pedir mis más sinceras disculpas a todos aquellos a los que conseguí embaucar (el plural dudo que se ajuste a lo que realmente pasó) para presenciar hora y media de una sucesión de imágenes con sonido que se alejan de la concepción del cine que tenemos los cinéfilos; exceptuando a un par de críticos del cahiers, el presentador de Sala 33 (programa donde se emitió el cant) y un puñado de personas cuyo paladar cinematográfico respeto pero ni entiendo ni comparto.

Antes de entrar en faena, situémonos. Sinopsis: según su director, es una historia: "en cierto sentido bastante simple, cuenta lo que dicen esas tres frases de la Biblia: unos Reyes Magos que llegan a un sitio, que parece ser el Portal de Belén, y se van".

Contextualicemos. El autor de esta obra (tampoco sería justo calificarlo como cineasta) afirma que nunca ha estudiado cine y que no tiene una gran formación como aficionado al séptimo arte. Además, nunca ensaya con los actores, es rara la ocasión en que repite una toma y prácticamente rueda sin guión. No mira el material rodado hasta llegar a la sala de montaje y utiliza muy pocos diálogos.



Con dicha información previa y el anterior visionado de la también discutible Honor de caballería -con la que se da a conocer Serra-, te adentras en El cant del ocells con cierto interés, con suma incertidumbre y con todos los sentidos (incluido el sentido común) bien atentos para captar una propuesta, a priori, diferente y original. Esperas que cumpla con las expectativas que han sembrado parte de la crítica y los festivales (Cannes tiene la culpa sobre el prestigio de ésta y otras muchas supuestas master pieces), y sabes que cuando termine podrás tachar uno de los más importantes renglones de la lista de obras y autores modernitos de obligado tránsito para poder mantener una conversación con cinéfilos de arte y ensayo. Cinéfilos, por otra parte, empeñados en ver donde no hay; y cuyo principal y efectivo argumento es “¿cómo puedes opinar si no la has visto?”. Perfecto, tienen razón.

Empiezas a ver la película (al inicio sigues creyendo que lo que vas a ver es una película) y anotas mentalmente: fotografía en blanco y negro, bien no problem, en los últimos años se han hecho estupendos films como Buenas noches, y buena suerte, La lista de Schindler, Celebrity o, más recientemente, La cinta blanca. El uso actual del blanco y negro nunca debería ser un handicap para valorar negativamente una película y un buen cinéfilo se encariña y agradece una buena fotografía en blanco y negro.

El problema de El cant del ocells con el blanco y negro es que se suma a muchas otras variopintas decisiones para dar forma a la propuesta y que parecen haber sido escogidas para disfrazar las armas deficitarias de Serra como cineasta. Por cierto, la fotografía está muy trabajada y es lo mejor de la obra, pero se aprecia la intención postiza del director de crear un producto con aureola de diferente por el simple hecho de manipular una amalgama de recursos sin clara justificación.

lunes, 25 de enero de 2010

EN UN PAÍS MULTICOLOR...

Tenemos una cita con el cineasta Albert Serra.

Es difícil adjetivar a este personaje y por eso calificaremos su cine. Cine extravagante,peculiar, difícil de digerir, personal y ... con grandes dosis de grandilocuencia que hacen confundir a los críticos la "maestría" con la búsqueda forzada de originalidad.

Creo que no hay que tomárselo muy en serio.Ni a su cine ni al personaje. Ni el público debe salir corriendo ante sus obras(es positivo ver cosas alternativas) ni la crítica debe sentirse obligada a creer (y hacernos creer) que estamos ante un genio del séptimo arte simplemente por hacer cosas... raras. El tiempo lo colocará en el lugar que le corresponde aunque ya se ha ganado un puesto en el top 10 de los humoristas de nuestro país.

Como representante y divulgador del humor, él actúa y lo da todo en sus declaraciones, de las cuales dejo una pequeña pincelada en este video(podéis encontrar muchos más en youtube).




Sobre su cine, díficil de ver (en todos sus sentidos), tenemos una oportunidad de compobar si es más "genio" o más "sinvergüenza" el próximo sábado, día 30, en el canal 33. A las 22.00, en el programa Sala 33, presentado por Àlex Gorina(gran especialista en cine que también dirige "La finestra indiscreta" en Catalunya Ràdio),estrenan su ultima obra "El cant dels ocells" que actualiza el mito de los Reyes Magos. Además, y por el mismo precio, podremos ver una charla entre Gorina y Serra (espero) que estoy convencido que será mucho mejor que la película.

Les invito a un plan alternativo para la noche del sábado. Más alternativo que nunca. Eso sí, si cumplen el plan al 100% y luego se sienten estafados, cabreados y furiosos, les recomiendo que tengan a mano "El hombre que pudo reinar", "Casablanca" o "Con la muerte en los talones". Se irán a la cama con buen sabor de boca y yo evitaré agresiones e insultos por proponer una noche con Albert Serra.

P.D. Gracias al "malvado" Slollet, que fue el primero en percatarse de la emisión.

sábado, 16 de enero de 2010

MÁS MALDITOS QUE BASTARDOS

No me cabe duda que en la última película de Tarantino hay mucho de "malditos" pero no se puede afirmar que sea un producto ilegítimo, "bastardo" del autor. Aquellos que ven en este film originalidad yo solo veo que pertece, sin duda alguna, a su padre. Es un retoño, muy identificable.

Me veo (casi) obligado a opinar sobre una película cuyo excesivo metraje (algo ya habitual y generalizado hoy en día) ya merece ser recriminado. Pero el verdadero motivo es que se huele en las listas de críticos, festivales, blogeros, medios...un cierto tufillo a encumbrar a esta pasable (y poco más) obra del autor de Jackie Brown y que como colofón a dicho hedor se hallaría la meta de los Oscars. Pues bien, me revelo a que se posicione a Malditos Bastardos como parte de lo mejor del 2009.



El primer capítulo es, a mi entender, lo mejor de la película con diferencia. De hecho creo que es de lo más destacable del cine de Tarantino. Una de las escasas ocasiones en que la violencia, el miedo y la tensión se utilizan en el imaginario del director sin emplear litros de sangre, amputaciones y visceras. Algo que te cabrea más todavía porqué demuestra que sí que sabe hacerlo cuando quiere.

Con ese capítulo, el del bar y toda la intrahistoria del coronel Landa te preguntas: joder, ¿habrá madurado y encontrado un camino Tarantino alejado de la violencia reiterativa y unos personajes forzadamente malhablados? Respuesta:NO. El resto de capítulos (especialmente los del grupo de los bastardos) son mediocres e incluso alguno detestable(el último, por ejemplo).

Por otro lado, hay actuaciones muy buenas como la de los principales personajes nazis con Christoph Waltz (Coronel Hans Landa) a la cabeza. Por contra, chirría un poco la interpretación de Brad Pitt y un muchísimo la de Daniel Brühl.

Parece que a Tarantino le de miedo convertirse en un cineasta narrativo y reflexivo y siempre tenga que dar la nota para no perder una supuesta unión con las nuevas generaciones. Su forma de tratar la violencia me parece superada, repetitiva y poco justificada. Lo que pretende hacer es de 2º de preescolar en la academia Scorsese. Martin engarza, violencia e historia, con motivación y justificación. Quentin pega capas de sangre y personajes una encima de la otra con pegamento que, eso sí, parece que crea adicción.

lunes, 4 de enero de 2010

LAS 10 DE LA DÉCADA

Fin de década, toca recapitular. No voy a entrar en la discusión (algo raro en mí) de si la década empieza en el 2000 o en 2001 y si termina en el 2009 o el 2010. Lo único cierto es que voy a seleccionar las 10 mejores películas entre el 00 y el 09. En el adjetivo "mejores" prevalece la fruición tras el visionado que la supuesta calidad de la obra. Hay films que seguro son más importantes pero que no me han hecho disfrutar. Y, obviamente, existen cientos de films (no tantos "buenos" films)que no he visto y que por tanto quedan fuera de juego.

Espero cabrear, molestar e incluso indignar a mis escasos, pero nunca suficientemente ponderados, lectores para que el juego sea más entretenido y por supuesto les invito a decidir sus 10. Ahí van las mías(orden cronológico) donde dejo fuera series de tv(el gran tesoro de la década) y documentales:


Alta fidelidad (2000), Stephen Frears

Primavera,verano,otoño,invierno...(2003),Kim Ki-duk

En la ciudad (2003), Cesc Gay

Oldboy (2003), Park Chan-wook

Entre copas (2004), Alexander Payne

Una historia de violencia (2005), David Cronenberg

Match Point (2005), Woody Allen

La vida de los otros(2005), Florian Henckel-Donnersmarck

Ratatouille (2007), Brad Bird

Vals con Bashir (2008), Ari Folman

martes, 29 de diciembre de 2009

AVATAR: Fase, cambio. Reencarnación, transformación

Todo cambio o transformación parece ser bendecida por aquellos que la viven como una evolución,como algo positivo. Pero esa visión es errónea. ¿Toda modificación de un estado a otro responde a la necesidad o voluntad de innovar?, no. En muchas ocasiones, e intuyo que es lo que ocurre en el cine actual, aparece como respuesta a no saber que hacer con los mimbres de la posición anterior dada.

El cine ha mutado. Donde hace 30 años el artificio (efectos especiales, digitalización, infografía...) era la anécdota y se instalaba para servir a la historia hoy en día, en gran parte de la producción, la anécdota se convierte en meollo, y la pirotécnica viene a servirse, cual parásito chupóptero, de la narración.



No he visto la nueva película de James Cameron, no puedo opinar sobre ella. Pero sí sé que el cine es, al menos para mí, sentarme en una butaca (de casa o de sala) y que me cuente algo alguien a través de unos personajes y una sucesión de acontecimientos.Todo lo demás es arte y ensayo o atracción de feria.

Empecemos a diferenciar entre: "había una vez..." y "boom, ahhh!!!!, oh!!!! e imagen parkinsoniana devoradora de mentes devastadas".

Los efectos digitales, los 3-D, el sonido 5.1 etc. ¿son el medio o el fin? ¿Qué importa más: que AVATAR sea toda una revolución respecto a la imagen y la tecnología empleada o qué todo el mundo que la ha visto no diga nada original sobre un argumento que afirman es una mezcla de "Pocahontas" y "Bailando con Lobos"?

Si este tren de alta velocidad se ha puesto en marcha y ya no se puede parar, yo me tiro y me voy cabalgando en mi viejo caballo.

martes, 23 de junio de 2009

WOODY ALLEN, o cómo hacer un cine inteligente.

La obra de Allen se fragmenta en piezas que crean pequeños puzles (lleva 40). Puzles que a su vez forman parte de un rompecabezas y que algunos llaman filmografía. El problema es que las distintas piezas tienen una mano artesanal común y muchas veces resulta imposible colocar la pieza en su lugar correspondiente. Si piensan que me equivoco prueben a ubicar alguno de sus diálogos "allenianos" favoritos en la correspondiente película… difícil, ¿verdad?

Ahí se encuentra la fuerza de Woody Allen. Sus no seguidores -no quiero creer que tenga detractores- lo acusan de repetir siempre los mismos personajes y situaciones. Por el contrario, sus incondicionales encuentran en la visión de sus obras no una reiteración sino una personalidad, una autoría. De hecho los cambios de género, tonos y formas de narrar son bastante más variadas en Allen de lo que muchos creen.

La trayectoria del director siempre me ha parecido como esas enormes autopistas, cada vez más globalizadas, que tienen cientos de kilómetros y 4 o 5 carriles. Estas toneladas de asfalto parecen siempre la misma. Más aún si cada cierto tiempo encontramos las mismas gasolineras, los mismos restaurantes de comida rápida, incluso los mismos imbéciles emulando a Fernando Alonso. Esto sucede con las películas de Woody Allen, parecen siempre la misma carretera. Pero el error es agachar la cabeza y mirar sólo al coche de delante mecánicamente.

Lo interesante de la autopista son las salidas. Los desvíos a esos pequeños pueblos donde encuentras a personajes pintorescos, lugares extraordinarios y sobre todo situaciones cómicas y dramáticas en sitios desconocidos fuera de la rutina de la carretera. A veces el director sólo baja a mear o echar gasolina, nos encontraríamos ante sus películas más previsibles. Pero otras muchas ocasiones el coche se desvía, se mete por carreteras secundarias, caminos bacheados, incluso pincha y debe cambiar la rueda. Son viajes más inolvidables, con mayores experiencias y donde se encuadran las obras geniales del cómico americano.

Otro rasgo importante es que aunque se pierda por el camino-intencionadamente, o no- los personajes de Woody Allen casi siempre vuelven a la rutinaria autopista. Es difícil encontrar protagonistas que cambien radicalmente en los guiones del autor de Manhattan. La búsqueda de respuestas tiene como solución nuevas o mayores dudas, la supuesta evolución de los personajes es casi una involución.

Sin duda, al menos para mí, estamos ante uno de los genios del siglo XX (y XXI) un tipo creador de un micro-género dentro de la comedia, un cómico que considera al espectador igual de inteligente que él mismo y un cineasta que cuando se distancia de lo cómico sigue rayando a mucha altura.

Más que un director que hace reir es ante un ensayista y filósofo audiovisual que disecciona a la sociedad y sus miembros desde su aspecto más externo (superficial) hasta lo más privado de sus existencias. Aquellos que disfrutamos de su cine tenemos una cita anual, aquellos que no lo hacen se pierden una de las cosas por las que merece la pena vivir.

miércoles, 17 de junio de 2009

"PRESTIDIGITALIZACIÓN"

Nuestro punto de interés está, hoy, en las películas en que los efectos digitales dejan de ser una sesión de chapa y pintura (aspecto formal o visual) para convertirse en los grandes protagonistas de la historia. Obviamente al generalizar se miente, o no se dice toda la verdad, pero presuponemos la inteligencia del lector (todavía no me atrevo a pluralizar a mi audiencia)por lo que cualquier posible excepción no hará más que confirmar lo que viene a continuación.

El nuevo ilusionismo en el cine de la era digital actúa con los mismos mecanismos que las sesiones de magia de los magos de principio de siglo XX. El espectador sabe, es consciente, de que lo que ve no es posible, es irrealizable. Pero al mismo tiempo queda fascinado por lo que ve, y quiere ser “engañado” por cómo se muestra, aparentemente sin trampa ni cartón y de la manera más referencial posible.

Este "fastfood-cine" se consume sin esfuerzo, se digiere (y se olvida) muy rápido; su abuso empacha, puede crear adicción y es fácilmente encontrable.

Sin duda los fuegos artificiales distraen, al espectador y a una posible trama o historia que pasa a un segundo término desenfocado por la irradiación deslumbrante de un castillo pirotécnico de explosiones, luces, colores y ruidos.

Muchas de las películas basadas en lo mágico, en el artificio, comienzan y mueren en los diferentes momentos álgidos del espectáculo, es decir: en aquellos momentos (secuencias en nuestro caso) donde se desarrollan en su máximo apogeo todo el ilusionismo previamente ensayado. Y otorga calidad de banalización a todos los minutos dispuestos para relanzar y anunciar los fantásticos y atrayentes momentos de prestidigitación o, perdonando el chiste, momentos de “prestidigitalización”.

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